¿Cómo entendemos
la paz?

La paz que anunciamos los cristianos, es esa paz que Jesús nos envió a comunicar. Paz que no es la misma que la mayoría en la sociedad piensa: esa paz que es sinónimo de ausencia de conflictos. El hecho de ser una realidad querida por Dios, donde todos y cada uno tengan la posibilidad de sentirse bien, de estar bien, de hacer el bien y de ser bien, ya nos puede dar una idea que la paz cristiana está profundamente ligada a la justicia y la dignidad humana.
Esta paz que Cristo nos da y nos envía a construir en los contextos donde se encuentran los más pobres, abandonados, olvidados y excluidos, es la que provoca conflictos con quienes viven de la injusticia y la violencia. Por eso, es un trabajo arduo y difícil porque toca intereses de individuos, organizaciones y estructuras que no quieren esta paz donde nadie pasa necesidad. Esto hace que la búsqueda de esta paz sea conflictiva en todos los sentidos.
Mientras haya personas que no se sientan bien consigo mismas, que no tengan lo suficiente para satisfacer sus necesidades humanas básicas, que no tengan la oportunidad de hacer el bien a otros y no se consideren personas buenas, la paz no será posible, porque los seres humanos no tienen las condiciones básicas para ser imagen y semejanza de Dios que es bueno y pasa su vida haciendo el bien a todos.
Esta es la paz de Cristo. Es la paz con la que se abre el discurso de convivencia con los demás. Condición fundamental para alabar a Dios en espíritu y en verdad. No se puede hablar del Reino de Dios sin hablar de paz y de justicia, condiciones básicas para que el ser humano sea feliz y alegre de existir hoy y aquí. Solo así podemos hablar de un ser humano de paz, pacífico.

El laico que forma parte de este proyecto debe tener muy presente todo lo que implica el “Shalom” y “Eirene”, hebreo y griego respectivamente, de donde se deriva el concepto de paz que tiene la Iglesia: sentirse bien, estar bien, hacer el bien, ser bien. Estos son los cuatro pilares que constituyen la paz según estos términos. Si alguno de estos aspectos falta en una persona, en un grupo, en una comunidad, en un pueblo... se desequilibran las cosas y la violencia asoma en cualquiera de esas realidades desequilibradas. Esta es la conciencia personal y colectiva de quienes participan en ECOPAX.
SENTIRSE BIEN.
El miembro del proyecto ECOPAX debe ser consciente que un primer nivel de trabajo es la INTERIORIDAD DE LA PERSONA. Trabajar en aquello que NO SE VE pero es el MOTOR DE LA EXISTENCIA personal. Que una persona cuando se siente bien no hace mal a nadie y se vuelve inspiración y fuente de alegría para los demás. No les amarga la vida a otros. Este primer nivel exige trabajar en el plano de la AUTOESTIMA, AUTOCONOCIMIENTO, AUTOACEPTACIÓN, AUTOPERCEPCIÓN. Exige trabajar en la psiqué de la persona.
ESTAR BIEN.
El segundo pilar de la paz es la SITUACIÓN - CONDICIÓN (ESTAR). Es decir, condiciones humanas que permiten satisfacer las necesidades básicas de la persona, como individuo y como sociedad. Esto significa en concreto, que la persona tiene las condiciones necesarias que garantizan trabajo, salud, alimentación, vivienda, educación, ocio, estética, seguridad... Si no se satisfacen esas necesidades, se entra en una condición de carencia e insatisfacción que se vuelve fuente de violencia e injusticia. El laico que trabaja por la paz debe estar convencido que trabajar para que todos vivan en condiciones que puedan garantizar la satisfacción de sus necesidades humanas básicas, es trabajar por la paz.
HACER EL BIEN.
El tercer pilar de la paz es HACER-ACTUAR el bien. Es decir, dedicar tiempo para trabajar por el bien de los demás, sobre todo de los más necesitados y golpeados en la sociedad. Este pilar nos dice que la paz se encuentra “haciendo el bien a otros”. De hecho, hacer el bien a otros que están en condiciones desfavorables puede incluso sanar a la persona que hace el bien. La conecta con la bondad más profunda de su ser y le hace descubrir el sentido más auténtico de la alegría y la felicidad: “hay más alegría en dar que en recibir”. Es una alegría que nadie puede quitar.
SER BIEN.
El cuarto pilar de la paz tiene que ver con la trascendencia de lo material y los intereses personales o de grupo. Es un pilar que resulta del sentirse bien, de estar bien, de hacer el bien. Es el nivel en el que la persona transpira bondad. Es una personalidad integrada que inspira seguridad, confianza, ánimo, esperanza... Es el nivel en el que toda nuestra persona se convierte en una fuente de bien para todos. Es cuando podemos decir que “somos buenos”.